El deterioro del tejido productivo se profundizó en el último año y afectó con fuerza a los sectores de la industria y el comercio. Los datos oficiales reflejan una pérdida diaria de puestos de trabajo y una fuerte caída en la creación de nuevos emprendimientos.
De acuerdo a los últimos registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), la caída de la actividad económica y el desplome del consumo aceleraron la desaparición de unidades productivas. En apenas treinta meses de gestión nacional, el sector patronal sufrió la pérdida neta de 30.633 empleadores y la destrucción de 411.613 puestos laborales bajo cobertura de seguro.
El impacto se siente con mayor crudeza en los rubros que dependen del mercado interno, como el comercio minorista y la industria manufacturera. Durante el último año, la caída de empresas fue de 15.069 firmas, lo que representa casi la mitad del total de los cierres acumulados desde fines de 2023. La situación se agravó de manera drástica en el mes de mayo, cuando se registró la baja de 2.371 unidades productivas en apenas treinta días, lo que equivale a una pérdida diaria de 2.265 puestos de trabajo registrados.
Pocas aperturas, mayor vulnerabilidad y retroceso del empleo
Los analistas del sector laboral explicaron que el fenómeno actual combina la asfixia de los costos operativos con una bajísima tasa de natalidad empresarial. Desde la Secretaría de Trabajo describieron la dinámica que sufren los emprendedores: “La contracción en el stock de empresas no se origina necesariamente en un volumen de cierres históricamente elevado, sino en una marcada debilidad en la apertura de nuevas unidades productivas”.
Esta realidad golpea principalmente a los proyectos más nuevos, que no logran consolidarse en un contexto recesivo. De acuerdo con los especialistas del área económica, una porción mayoritaria de las bajas definitivas corresponde a firmas con menos de tres años de antigüedad porque “no logran hacer frente a los costos de las inversiones y gastos iniciales en un contexto de caída del consumo”.
Ante la falta de rentabilidad y la imposibilidad de sostener las estructuras de producción, muchos titulares de pymes optaron por reconvertir sus negocios para sobrevivir. El informe oficial detalla que “muchas unidades productivas pasaron de fabricar a comercializar bienes importados, achicando el número de empleados”.
La reducción del entramado empresarial impacta de forma directa sobre los trabajadores en relación de dependencia, quienes quedan excluidos del sistema formal ante la falta de alternativas estables. El informe técnico de la Secretaría de Trabajo remarcó que el problema de fondo reside en que la baja creación de firmas “no alcanza a compensar la salida natural de empresas del sistema”.
Como consecuencia de esta asimetría, el mercado laboral experimenta una precarización constante. Las cámaras del sector advierten sobre el cierre de empresas medianas y grandes, el avance de los retiros voluntarios y un traslado de los trabajadores hacia el cuentapropismo o la informalidad. En ese sentido, los técnicos estatales concluyeron que “la pérdida de unidades productivas se explica fundamentalmente por un déficit en la tasa de natalidad empresarial más que por una aceleración atípica en los ceses de actividad”.

