Los viernes en Al Mediodía con Fredy tratamos de bajar un cambio.

Después de una semana hablando de economía, de política, de problemas, de noticias que muchas veces nos preocupan, llega el viernes y uno dice: vamos a hablar de la vida.
Y hoy quiero llevarlos hasta una chacra.
No muy lejos de acá.
En Paraje Colonial, en 25 de Mayo.
Porque muchas veces hablamos de la chacra cuando hablamos de producción, de tabaco, de mandioca, de maíz, de animales.
Pero detrás de todo eso hay personas.
Hay familias.
Hay historias.
Y hoy conocimos a Hugo Rutke y a Ramona Rodríguez.
Una pareja que trabaja una chacra que lleva más de 50 años en manos de la familia.
Una chacra donde se hace de todo un poco.
Tabaco.
Maíz.
Mandioca.
Gallinas.
Chanchos.
Vacunos.
Y, fundamentalmente, mucho trabajo.
Porque acá hay algo que a veces desde la ciudad cuesta entender.
En Misiones, trabajar la tierra no siempre significa subirse a una máquina y hacer hectáreas y hectáreas.
Acá muchas veces hay terrenos chicos, quebrados, con pendientes, donde buena parte del trabajo todavía se hace a pulmón.
Y Hugo lo cuenta con una naturalidad impresionante.
Ellos dos trabajan el tabaco.
Y por eso también tienen un límite.
No pueden producir lo que produciría una explotación con muchos empleados o con toda la maquinaria disponible.
Esperan una cosecha de alrededor de 3.000 kilos.
Y ahora, además, aparece otro enemigo conocido para el productor misionero:
el clima.
Lluvias que complican.
Preparación de la tierra que se demora.
Tiempos que no siempre se pueden manejar.
Porque con la naturaleza no hay Excel que valga.
Pero esta historia tiene otra parte.
Y quizás sea la que más me llamó la atención.
Ramona.
Una mujer de la chacra.
Ama de casa.
Agricultora.
Mamá.
Y también comunicadora.
Porque un día agarró un celular y empezó a mostrar lo que hace todos los días.
La huerta.
La cocina.
Las tareas de la casa.
El trabajo en la chacra.
Una receta.
Un consejo.
Un truquito para conservar un jugo de limón.
Un pan dulce.
Cosas simples.
Cosas de todos los días.
Y resulta que del otro lado de ese celular hay gente mirando.
Gente de Entre Ríos.
De Corrientes.
De otras provincias.
De Uruguay.
De Chile.
Personas que quizás jamás pisaron una chacra misionera y que ahora, a través de Ramona, pueden conocer un poquito de esa vida.
Y me parece que ahí hay algo hermoso.
Porque mientras algunos buscan desesperadamente hacerse famosos en las redes, Ramona encontró una fórmula mucho más sencilla:
mostrar su vida.
Sin grandes producciones.
Sin escenarios.
Sin maquillaje.
La vida como es.
Se levanta temprano.
Trabaja.
Cocina.
Va a la huerta.
Hace sus cosas.
Y después prende el teléfono y lo cuenta.
Llega a hacer hasta seis videos por día.
Y todavía no monetiza.
No lo hace por plata.
Lo hace porque le gusta.
Porque disfruta.
Y porque, según ella misma cuenta, quiere transmitir algo que muchas veces nos hace falta:
positividad.
Pero detrás de esa sonrisa también hay una realidad.
Y ahí aparece una historia que quizás sea la parte más dura de esta entrevista.
Uno de sus hijos terminó sus estudios en el IEA.
Intentó entrar a la Policía.
No pudo.
Buscó trabajo en la zona.
No consiguió.
Y hace apenas dos meses se fue a Brasil.
Hoy trabaja en una fazenda en Cruz Alta, en Rio Grande do Sul.
Tiene alojamiento.
Tiene comida.
Tiene la posibilidad de hacer horas extras.
Y allí, en su sector, hay varios argentinos trabajando.
Y esto también nos dice algo.
Porque cuando nuestros jóvenes tienen que cruzar una frontera para encontrar una oportunidad que no encuentran cerca de su casa, hay una pregunta que inevitablemente aparece:
¿qué estamos haciendo para que nuestros hijos puedan quedarse?
Pero hoy no quiero quedarme solamente con esa pregunta.
Porque esta historia tiene también una parte linda.
Tiene orgullo.
Tiene familia.
Tiene esfuerzo.
Tiene una mujer que encontró en las redes sociales una manera de contar quién es.
Y tiene un hombre que desde el primer día la apoyó.
Hugo entendió que mostrar la vida de la chacra también era una forma de mostrar Misiones.
De decirle al que está en una ciudad, al que vive en un departamento, al que nunca plantó mandioca o nunca trabajó con tabaco:
mirá cómo vivimos acá.
Y quizás por eso esta historia merece ser contada.
Porque a veces creemos que para tener algo interesante que mostrar necesitamos grandes ciudades, grandes edificios, grandes acontecimientos.
Y no.
A veces alcanza con una huerta.
Con una receta.
Con una gallina.
Con una plantación de tabaco.
Con un mate.
Con una familia levantándose temprano.
Y con una mujer diciendo frente a un celular:
“Esto es lo que hacemos todos los días.”
Y del otro lado, alguien mirando.
Alguien aprendiendo.
Alguien comentando.
Alguien que quizás está a cientos de kilómetros y que, por unos minutos, se siente parte de esa chacra.
Y entonces pienso que, en este viernes donde queremos olvidarnos un poquito de la realidad, también podemos encontrar historias que nos reconcilian con ella.
Historias de gente que no espera que todo sea perfecto.
Gente que trabaja.
Que produce.
Que cría a sus hijos.
Que busca oportunidades.
Que cruza una frontera cuando hace falta.
Que se adapta.
Y que, aun con las dificultades, encuentra una manera de seguir adelante.
Así que hoy, más que hablar de números, quiero quedarme con una imagen.
Una chacra de 25 de Mayo.
Hugo preparando la tierra para plantar tabaco.
Ramona entrando a la huerta con su celular.
Un hijo trabajando en Brasil.
Otros hijos estudiando.
Y una familia que, con sus dificultades y sus sueños, sigue adelante.
Quizás eso también sea Misiones.
Trabajo, sacrificio, familia y esperanza.
Y quién sabe…
Tal vez mientras nosotros estamos escuchando esta historia acá, en algún lugar de Entre Ríos, Corrientes, Uruguay o Chile, alguien esté mirando uno de los videos de Ramona y descubriendo, por primera vez, cómo es la vida en una chacra misionera.
Y eso, en estos tiempos, también es una forma de sembrar.
Solo que esta vez…
la semilla no se planta en la tierra.
Se planta en las redes.
Y vaya uno a saber hasta dónde puede llegar.

