Interés general

Don Alberto Halberstadt│Cuando un Hombre se convierte en parte de la Historia de un Pueblo

Hay personas que pasan por un pueblo.
Y hay otras que, de alguna manera, ayudan a construirlo.
Don Alfredo Edwin Halberstadt fue de esos hombres.
Su partida deja un vacío en San Vicente, pero también deja algo mucho más importante: una historia que merece ser contada, recordada y transmitida a las nuevas generaciones.

Nacido en 1938, Alfredo fue maestro y formó parte de aquella primera promoción de la Escuela Superior N.º 1. Con el tiempo fue maestro, director y supervisor escolar. Pero su inquietud no terminaba en las aulas.

En 1970 llegó a San Vicente y allí comenzó una etapa fundamental de su vida. Fue docente, comerciante de repuestos para automotores, mecánico, aviador, dirigente social, hombre de fe, escritor y protagonista de muchos de los momentos que acompañaron el crecimiento de esta ciudad.
Fue uno de aquellos pioneros que entendieron que un pueblo no se construye solamente con calles y edificios, sino también con personas que se comprometen.
Participó activamente en los esfuerzos por abrir caminos y rutas, y fue uno de los impulsores de la municipalización de San Vicente.
Fundó y presidió la Comisión Vecinal. También fue fundador y presidente del Aero Club de San Vicente, una institución que tuvo mucho que ver con aquella pasión que él mismo llevaba por la aviación. Porque Alfredo no solamente hablaba de volar: volaba.

También tuvo participación en la vida social de la comunidad y fue impulsor del club social. Y hasta tuvo la mirada puesta en algo que muchas veces parece pequeño, pero que termina cambiando para siempre la fisonomía de una ciudad: plantar árboles y arborizar San Vicente.
En 1987 fue elegido concejal por la Unión Cívica Radical. Pero quienes lo conocieron lo recuerdan, fundamentalmente, como un hombre independiente, alguien cuya preocupación estaba por encima de las etiquetas partidarias: quería ver crecer a San Vicente.
Y había otra dimensión de Alfredo, quizás más íntima.

La familia.
Su esposa, doña Olga Bonomi, sus hijos Milko y Claudia, y una vida marcada también por la fe. Fue un laico católico profundamente comprometido y llegó incluso a estar en condiciones de ser ordenado diácono permanente.
Y como si todo esto fuera poco, también dejó su palabra escrita.
Ganó el concurso literario “Libro de Oro” de la provincia de Misiones y, hace apenas unos meses, en marzo de 2026, presentó su autobiografía, “Abuelo de pájaro”.
Quizás sin saberlo, Alfredo estaba dejando en esas páginas una especie de despedida anticipada: sus recuerdos, sus caminos, sus anécdotas y una parte de la historia de San Vicente contada por alguien que la había vivido desde adentro.

Su muerte sorprendió a la comunidad.
Pero hay algo que la muerte no puede llevarse.
No puede llevarse una escuela que ayudó a construir.
No puede llevarse los caminos que ayudó a abrir.
No puede llevarse los árboles que ayudó a plantar.
No puede llevarse las instituciones que ayudó a fundar.
No puede llevarse las historias que contó.

Y mucho menos puede llevarse el recuerdo de aquellos que alguna vez compartieron con él un mate, una conversación, un trabajo, un vuelo o simplemente un momento de la vida.
Eso es el legado.
Y por eso hoy queremos detenernos un instante para decir:
Gracias, Don Alfredo.
Gracias por haber sido parte de aquella generación de hombres y mujeres que, con esfuerzo, sacrificio y sueños, ayudaron a transformar a San Vicente en la ciudad que conocemos hoy.

UN AGRADECIMIENTO ESPECIAL
Y quiero hacer también un agradecimiento muy especial a Javier Karuchek, propietario de Canal 7 de San Vicente, contarnos sobre la vida de Don Alfredo.
Porque los medios de comunicación de nuestros pueblos tienen también una responsabilidad enorme: guardar la memoria de nuestra gente.
Gracias, Javier, por abrirnos las puertas, por compartir sus recuerdos y por ayudarnos a reconstruir la historia de un hombre que merece ser recordado.

Desde FM Sol, creemos que contar estas historias es también una manera de hacer radio.
Porque detrás de cada pueblo hay personas.
Detrás de cada calle hay una historia.
Y detrás de cada historia hay hombres y mujeres que, alguna vez, soñaron con un lugar mejor.
Hoy San Vicente despide a Don Alfredo Edwin Haberstadt.
Pero también lo recibe para siempre dentro de su propia historia.
Que descanse en paz.
Y que su ejemplo siga volando, como aquellos aviones que tanto amó, sobre la memoria de San Vicente.

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