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Comprar lo justo y volver a pedir fiado, la realidad de los almacenes ante la caída del consumo

En los almacenes de barrio la caída del consumo se ve a simple vista. Los clientes compran poco, lo justo para resolver el día, y la plata se termina mucho antes de que llegue el próximo sueldo. Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros, contó que ya se instaló una sensación particular: “uno siente que el 20 es fin de mes”. Aclaró que la gente no deja de comer, pero ajusta cada compra al mínimo, una modalidad que en el rubro llaman compra hormiga.

La escena se repite todos los días. Alguien entra, lleva un paquete de fideos, un queso rallado y un puré de tomate, y no mucho más, aunque haya alguna oferta que lo tiente, porque no le queda margen en el bolsillo. En Parque Avellaneda, al sur de la Ciudad de Buenos Aires, el comerciante Mario Aquino notó que las ventas se concentran entre el 10 y el 15 de cada mes, cuando se cobra, y que después de esa fecha el movimiento se apaga. Según estimó, entra alrededor de un 15% menos de gente a su local.

Sueldos que no alcanzan, aunque la inflación baje

Para los comerciantes, el problema de fondo es la distancia entre lo que se gana y lo que se gasta. Savore sostuvo que, aunque el ritmo de aumento de los precios se desaceleró, el salario no le alcanza ni siquiera a familias con empleo registrado. Calculó que servicios, transporte, cobertura médica y otras obligaciones pueden llevarse cerca del 40% del ingreso de un hogar, y que lo que queda no alcanza para llenar el changuito.

A eso se suma el efecto acumulado de las remarcaciones. Un producto que sube 2% o 3% parece poca cosa, pero cuando el presupuesto ya está al límite esas subas pesan mucho, explicó el dirigente, que puso como ejemplo los aumentos sucesivos en los lácteos, que no fueron acompañados por los sueldos.

La realidad no es igual en todo el país. Daniel Acuña, almacenero de Punta Alta, en el sur bonaerense, señaló que hay comercios que la pasan mal, otros que tienen días buenos y días malos, y otros a los que les está yendo muy bien. En su ciudad, la pérdida de fuerza de las grandes superficies favoreció a algunos almacenes, porque la gente prefiere comprar cerca de su casa y llevarse solamente lo que puede pagar en el momento.

Otro cambio es el que se ve en las góndolas. Crece la presencia de segundas marcas y de productos de pequeñas y medianas empresas, que ganan terreno por una diferencia de precios muy marcada. Un pan lactal de unos 600 gramos puede costar $6.000 en un hipermercado y alrededor de $3.000 si lo elabora una firma más chica, es decir, la mitad. Savore opinó que muchas pymes igualan en calidad a las primeras marcas y que, una vez que el cliente comprueba que le sirve, es probable que mantenga el cambio.

El fiado vuelve y los números siguen en rojo

Con menos dinero circulando, el fiado recuperó protagonismo. Savore aseguró que nunca se fue de los negocios, aunque a veces se usa más y otras menos, y aclaró que los almacenes no tienen espalda para financiar por mucho tiempo, de modo que suele tratarse de una ayuda de pocos días, con montos de entre $40.000 y $50.000. Aquino, por su parte, notó la falta de liquidez de sus clientes, que le deben más y tardan más en pagar, por lo que debe tener menos mercadería en stock porque los productos rotan más lento. En ciudades chicas, en cambio, Acuña dijo que el fiado se cobra mejor porque todos se conocen.

Para los dueños de negocios, las cuentas también cierran con dificultad. Savore graficó que si un comercio necesita vender 100 por día para sostenerse y está en 70, le faltan 30, con impuestos, tarifas y stock que hay que pagar igual. Acuña advirtió que el comercio electrónico y los altos costos amenazan sobre todo a los locales de los centros comerciales, pero aseguró que no se observa un cierre masivo de almacenes y que los más chicos conservan ventajas por su cercanía, sus gastos menores y la atención personalizada.

Los datos del sector confirman el panorama. El consumo masivo cayó 1% en septiembre respecto de agosto y 1,2% frente al mismo mes del año pasado. En los primeros nueve meses de 2026 acumuló una baja de 2,7%, y se ubica 16 puntos porcentuales por debajo de enero de 2023. Entre los rubros más golpeados figuran la limpieza de ropa y hogar, con una caída de 6,4%, los productos perecederos, con 6,2%, y los de desayuno y merienda, con 5,6%. En cambio, las bebidas alcohólicas subieron 3,5% y la categoría de alimentos mostró un avance mínimo de 0,1%.

Por canal de venta, en septiembre las ventas retrocedieron 5,3% en supermercados, 6,7% en mayoristas, 1,8% en autoservicios independientes y 3,9% en comercio electrónico, mientras que los kioscos y canales tradicionales crecieron 2,3% y las farmacias, 2%. El panorama general no es parejo, ya que aumentaron los patentamientos de autos y motos y mejoró la confianza del consumidor, pero las ventas minoristas pyme bajaron 1,2% y los préstamos al consumo, 1%. Mientras los ingresos de los hogares no se recuperen de manera sostenida, la baja de la inflación por sí sola no alcanza para que vuelvan a llenarse las bolsas de los clientes ni las cajas de los almacenes.

Fuente: El Territorio

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