En diálogo con el programa al mediodía con Fredy “Beto” Nonemacher, el director de la institución reconoció estar “desbordado” y puso el foco en el deterioro de la salud mental juvenil tras la pandemia.
La tranquilidad habitual de la comunidad educativa se vio sacudida en las últimas horas en la Escuela de Comercio N° 11, donde la aparición de inscripciones amenazantes en los baños derivó en la suspensión preventiva de las clases y la activación de un protocolo de seguridad que incluyó la intervención policial.
La decisión fue tomada por la dirección del establecimiento luego de una jornada marcada por la incertidumbre y el temor, en un contexto que —según explicó el director en una charla con Fredy “Beto” Nonemacher— excede ampliamente el hecho puntual.
“Nosotros estamos desbordados. Esto no es solo una broma. Es un síntoma de algo más profundo que nos está pasando como sociedad”, expresó con preocupación.
Una amenaza que escaló en pocas horas
El episodio comenzó a tomar forma en la tarde del jueves, cuando una madre alertó sobre rumores de posibles amenazas en distintas escuelas de la provincia. Minutos después, alrededor de las 16:00, la vicedirectora confirmó la existencia de una inscripción inquietante en uno de los baños del colegio.
A partir de allí, se activó una cadena de comunicación con supervisión, elaboración de un acta institucional, envío de pruebas fotográficas y radicación de una denuncia policial.
Sin embargo, la respuesta preventiva tuvo un efecto inesperado. La presencia de un móvil policial con sirenas y luces frente al establecimiento terminó amplificando la preocupación entre padres, docentes y alumnos.
“Se generó una psicosis colectiva. La intención era cuidar, pero el impacto fue mayor al esperado”, reconoció el directivo.
El trasfondo: redes sociales y salud mental
Aunque en principio las amenazas son interpretadas como parte de un “reto viral” que circula en redes sociales como TikTok, la conducción de la escuela advierte que el problema es mucho más profundo.
Según detalló el director, estos episodios no son aislados sino que se insertan en un contexto alarmante de deterioro en la salud mental de los jóvenes, agravado tras la pandemia.
“Estamos viendo más casos de ansiedad, fobia social y situaciones críticas. Solo esta semana tuvimos que intervenir en dos casos de alumnos con ideación suicida. Eso te marca que hay algo que no está bien”, sostuvo.
En ese sentido, también señaló la falta de recursos: “Abordamos estos temas, pero no contamos con la infraestructura profesional necesaria para responder a esta demanda”.
Medidas en debate y una comunidad en tensión
Frente a este escenario, la institución evalúa medidas excepcionales para recuperar la calma. Entre ellas, surge la posibilidad de implementar controles sobre mochilas, una propuesta que genera tensiones internas.
“Es una medida que entiendo en una emergencia, pero también sé que roza límites personales. No es una decisión sencilla”, admitió el director.
Para canalizar esa discusión, se convocará a una asamblea con padres y alumnos el próximo lunes, donde se buscará definir colectivamente los pasos a seguir.
Más allá del miedo
Mientras tanto, la suspensión de clases aparece como una medida de contención en medio de un clima enrarecido. Pero el mensaje de fondo es claro: el desafío no es solo prevenir un hecho violento, sino comprender qué está ocurriendo con los jóvenes.
“Podemos encontrar al que escribió eso en la pared, pero el problema no termina ahí. Hay algo que como sociedad tenemos que empezar a mirar de frente”, concluyó el director.
La comunidad educativa, atravesada por la preocupación, se prepara ahora para un debate necesario, donde no solo se discutirá seguridad, sino también el bienestar emocional de toda una generación.
