La crisis del comercio misionero dejó de ser solamente un problema de ventas. La caída del consumo, la rentabilidad cada vez más ajustada, los costos laborales e impositivos y la paralización de inversiones están poniendo en dificultades a empresas con años de trayectoria. Desde Puerto Rico, Luis Edgardo Steffen, presidente de la Cámara de Comercio local e integrante de la Confederación Económica de Misiones (CEM), trazó un diagnóstico preocupante: la recesión se extiende a distintos sectores y todavía no encuentra señales claras de recuperación.
No veo la luz al final del túnel”, afirmó en una entrevista con ENFOQUEMisiones. Su advertencia no se limita a un rubro ni a una localidad. La construcción sigue sin recuperarse, la industria enfrenta dificultades y hasta el sector alimenticio, que suele resistir mejor las crisis, registra una caída en su movimiento comercial.
Cuando empieza a caer hasta el consumo de alimentos
Uno de los datos más inquietantes de su diagnóstico es el cambio que observa en los comercios de productos esenciales. Según Steffen, entre seis meses y un año atrás el rubro alimenticio mostraba un movimiento considerablemente mayor al actual. “Es como que empieza a notarse que no alcanza ni para comer”, advirtió.
La caída también se refleja en el cierre de negocios, incluso de establecimientos con décadas de actividad. Algunos comerciantes intentan sostenerse en locales más económicos, mientras otros directamente ponen sus empresas en venta. Para Steffen, el problema excede a los emprendimientos nuevos: cuando un negocio consolidado deja de ser viable, también se pierden empleos, experiencia y capital acumulado durante años.
En Puerto Rico, la cercanía con Paraguay agrega presión por la competencia fronteriza. Aunque el impacto depende de las características de cada localidad, los consumidores comparan precios y cruzan la frontera cuando encuentran mejores condiciones. Es un factor adicional para comercios que ya enfrentan una demanda debilitada.
De 98 a 63 trabajadores: el ajuste también golpea al empleo
La dimensión de la crisis aparece en un dato concreto de las empresas vinculadas al grupo empresario de Steffen, dedicado a la ferretería y los materiales para la construcción. Según detalló, pasaron de tener 98 trabajadores a contar con 63 en aproximadamente un año y medio: 35 puestos menos.
El empresario también estimó que la actividad de su firma cayó cerca del 50%. La reducción obligó a eliminar recorridos de reparto y abandonar tareas que dejaron de ser económicamente sostenibles.
“Todos están intentando reducir el personal en la mayor cantidad posible”, sostuvo. Según explicó, muchos comercios revisan sus estructuras porque deben afrontar salarios y demás costos laborales aun cuando el movimiento diario no alcanza para sostener el nivel de actividad anterior.
El caso no constituye una estadística de todo el comercio provincial, pero muestra cómo una caída prolongada de las ventas puede traducirse en decisiones empresariales concretas: menos personal, menos servicios y menor capacidad para invertir.
Márgenes de entre el 5% y el 10% y costos que no aflojan
La combinación de menores ventas y gastos elevados comprime la rentabilidad. Steffen señaló que algunos negocios reducen sus márgenes para sostener el movimiento y competir por los clientes, hasta trabajar con rentabilidades de entre el 5% y el 10%.
“Hoy pesa todo”, resumió. A la menor demanda se suman los impuestos nacionales, provinciales y municipales, los aportes laborales, los costos de contratación, las indemnizaciones y, en determinadas jurisdicciones, nuevas tasas municipales.
El problema es que los ingresos caen, pero los gastos fijos no bajan al mismo ritmo. Los comercios deben afrontar alquileres, salarios, servicios, tributos y reposición de mercadería en un mercado donde los consumidores tienen menos capacidad de compra. En Misiones, además, compiten con precios de países vecinos, bajo condiciones impositivas y de costos diferentes.
La construcción y la industria agravan ese escenario. Steffen mencionó las dificultades de la actividad forestoindustrial, las fábricas de fécula de mandioca y establecimientos cerámicos de la zona. Cuando esas actividades reducen su producción, el impacto se extiende a proveedores, transporte, servicios y comercios que dependen de los ingresos de sus trabajadores.
Apertura económica: “No puedo abrir por abrir”
Steffen planteó una posición crítica frente a la implementación de algunas medidas económicas nacionales, aunque aclaró que considera razonables objetivos como la reducción del déficit fiscal, el ordenamiento de las cuentas públicas y la apertura comercial.
Según relató, una encuesta de la CEM refleja que alrededor del 78% de las respuestas considera correcto el rumbo económico. Sin embargo, distinguió entre el respaldo a determinados objetivos macroeconómicos y las dificultades que enfrentan las empresas en la actividad cotidiana.
“Si yo hago una apertura de una importación, primero tengo que preparar el país para una apertura de importación. No puedo abrir por abrir”, sostuvo.
Como ejemplo, mencionó a la industria textil y cuestionó que las empresas locales deban competir con productos importados sin haber contado con condiciones suficientes para modernizar sus equipos, mejorar procesos y reducir costos. También objetó que algunas rebajas impositivas hayan beneficiado a bienes importados de lujo, mientras las pymes continúan soportando una estructura de costos que limita su competitividad.
Su planteo no implica defender el modelo económico anterior. Steffen también cuestionó los desequilibrios de aquella etapa y el efecto de la inflación sobre los salarios. “Yo personalmente, ni uno de los dos. Yo voy por medio”, afirmó al rechazar la idea de elegir entre el consumo de años anteriores y la actual contracción económica.
A su entender, el país necesita estabilidad, pero también recuperar el poder adquisitivo, la actividad productiva y la capacidad de las empresas para vender e invertir. El ordenamiento macroeconómico, sostuvo, no garantiza por sí solo que la recuperación llegue al comercio y a las economías regionales.
Sin inversión ni previsibilidad, la recuperación se aleja
La falta de expectativas también condiciona las decisiones empresariales. Cuando no hay demanda suficiente ni una rentabilidad que permita proyectar, la modernización de equipos, la ampliación de instalaciones y la incorporación de tecnología quedan relegadas.
“¿Para qué vas a hacer una inversión si la actividad está paralizada y está para atrás?”, planteó.
Steffen también señaló que los cambios bruscos de orientación económica entre gobiernos dificultan la planificación. Para una empresa, la previsibilidad en materia impositiva, energética, financiera y comercial resulta determinante al momento de contratar personal o comprometer recursos durante varios años.
La preocupación se extiende a los próximos meses. El cierre del año y el comienzo del siguiente concentran compromisos como salarios, aguinaldos, vacaciones y gastos vinculados al inicio del ciclo escolar, en un período en el que muchos negocios todavía no recuperaron sus ventas.
“Acá hay una falta de ver la salida o la luz al final del túnel, y yo no sé quién la ve. Yo no la veo”, insistió.
El diagnóstico deja planteado un desafío central para Misiones: cómo recuperar el consumo y la inversión sin reproducir los desequilibrios del pasado. Para el comercio del interior, la discusión no es solamente cuánto tiempo puede sostenerse una empresa con márgenes reducidos, sino qué ocurrirá con el empleo si la actividad no logra recuperarse.
Cuando caen las ventas, se paraliza la inversión y los negocios empiezan a recortar personal, el impacto trasciende a cada empresa. También alcanza a los ingresos familiares y vuelve a debilitar el consumo. Es ese círculo el que preocupa al empresariado del interior, que sigue esperando señales concretas de reactivación.
