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El Piá (gurí) que se olvidó de sus orígenes

Dicen los viejos arrieros que el caballo que te trajo al pueblo no se vende al carnicero. Pero parece que a Buenos Aires el refrán no llega. O llega tarde, como el colectivo a la chacra.

Había una vez un piá de Oberá que se hacía 100 kilómetros por día hasta Posadas para pegarle a una pelotita. Familia sin plata para pagarle el circuito, sin sponsor, sin padrino. A los 16 armó dos valijas y se fue al CENARD con una beca del Estado. Dos años de pieza, comida, cancha y entrenador. Pagados por todos: por el colono que tarefeaba yerba, por la maestra rural, por el que compraba un paquete de fideos y dejaba el IVA en la caja del almacén.

Con eso llegó al 73 del mundo y le jugó a Federer en Roland Garros. Aplausos, de verdad. Orgullo misionero. Y no lo inventamos nosotros: lo contó él mismo, en plena pandemia, en una entrevista de YouTube.

Ahora el piá es diputado. Y en la Comisión de Deportes, mientras los dirigentes de clubes contaban cómo hacen malabares con la boleta de luz y la cuota social, él explicó que la prioridad es “tener las cuentas ordenadas”. Que vivir de subsidios “tiene sus costos”.

Angá. Qué costos, ¿no?

El diputado Jorge Araujo Hernández le recordó la beca. Y el hombre que aguantó los drives de Federer no aguantó una pregunta: se levantó y se fue. Abandono por lesión. En la memoria.

Porque así funciona, che: la beca, cuando es para uno, se llama “oportunidad”. Cuando es para el gurí del club del barrio, se llama “curro”. La escalera se sube y después se patea, no vaya a ser que suba otro.

Acá en Misiones sabemos lo que es un club de barrio. Es donde el mitaí aprende a perder sin llorar, donde la madre vende empanadas para pagar el viaje al torneo, donde el profe pone la nafta de su bolsillo. Ninguno de esos pibes le va a jugar a Federer. Pero muchos no terminan en la esquina gracias a una canchita con luz. Eso también es tener las cuentas ordenadas, aunque no figure en ninguna planilla.

Filosofía de arriero para cerrar, que el mate ya se lavó: el que cruzó el río en balsa ajena no debería prenderle fuego a la balsa apenas pisa la otra orilla. Y si lo hace, que por lo menos no se vaya cuando le preguntan quién remaba.

Ndaje que los libertarios creen en el mérito. Nosotros también. Por eso nos acordamos de quién pagó la cancha.

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